Vivimos inmersos en dispositivos diseñados meticulosamente para fragmentar nuestra atención. Cada campanilla, cada luz parpadeante y cada barra de desplazamiento infinita compiten salvajemente por unos pocos segundos de nuestra consciencia.
Sin embargo, los grandes libros exigen lo contrario: sosiego, continuidad y un silencio fértil. Cuando intentábamos leer nuestros autores predilectos en un ordenador, nos topábamos con programas toscos, atiborrados de menús superfluos, fuentes tipográficas inadecuadas o sincronizaciones en la nube que recopilaban analíticas sobre cuánto tiempo pasábamos en cada página.
«Historia nació de un deseo sencillo pero intransigente: crear un lector de libros que se sintiera tan noble, silencioso y respetuoso como una biblioteca antigua a la luz del atardecer.»
Por eso construimos Historia como una herramienta local, de código abierto y sin fines de vigilancia. No queremos que leas más rápido; queremos que leas con mayor hondura. Que una frase de Borges, un poema de Sor Juana o un tratado histórico tengan el espacio que merecen para resonar en tu pensamiento.